Una colección de historias, anécdotas, reflexiones y chorradas varias sin más objetivo que entretener
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martes, 17 de marzo de 2020

"Epitafios"

(...)
- El otro día me quedé pensando en lo que me gustaría que pusiera en mi tumba cuando me muera.
- ¿Quééééééééé?
- Sí tío, en las palabras que quiero que pongan en la losa cuando me vaya al otro barrio.
- Pero... ¿Por qué coño estabas pensando en eso?
- No sé, estaba en clase, me aburría, y me dio por pensar en eso.
- Me gustaría entender qué tipo de procesamiento mental te hizo llegar a eso, la verdad.
- Pues estaba en clase en la universidad, pensé en que me moría del aburrimiento, y empecé a darle vueltas a la literalidad de morirse, y en que sería divertido que pusiera en la lápida: "Fulano, murió de aburrimiento en clase de tratamiento digital de señales el 17 de marzo de 2020". Y luego pues me dio por pensar en qué me gustaría que pusiera en la mía cuando la espiche.
- ¿Y a qué conclusión llegaste?
- Pues si te soy sincero... A ninguna. Pensé en cosas típicas como eso de "amado esposo, excelente padre, hijo ejemplar...", y me di cuenta de que no tengo novia, con lo que las dos primeras no se pueden dar todavía, y que no veo a mis viejos diciendo que sea un hijo ejemplar, precisamente.
- Ahí tienes razón, porque después de lo de Gandía de hace tres años...
- Calla calla, que todavía me lo recuerdan cada vez que hay ola de calor y sale el típico reportero en la playa con gente bañándose en febrero.
- Normal.
- Ya...
- ¿Y qué más pensaste?
- Pues que sería de puta madre tener algo singular que poner. Tipo frase ingeniosa o hecho relevante del que seas protagonista.
- ¿Algo como "Antonio Pérez, blablabla, disculpe que no me levante".
- Jajajajaja. Justo algo así. O algo como "Isabel Díaz, revolucionaria inventora que trajo felicidad a los hogares del mundo con la creación del Satisfyer".
- Estaría guapo, la verdad. Pero no veo que ni tú ni yo estemos en condiciones de inventar nada relevante, y las frases ingeniosas tampoco son nuestro fuerte.
- ¿Te imaginas? "Pedro, ingenioso economista que desarrolló el sistema para ahorrar estando de vacaciones".
- Tú eres un cabrón.
- Venga coño, no te enfades, que era broma.
- Sí, broma mis cojones.
- Reconoce que un poco rata sí eres, y que aquello del verano con la tienda de campaña fue un prodigio logístico y económico.
- Es que no hacía falta gastar más de lo que gastamos.
- Coño, mamón, es que ni os duchabais.
- Íbamos a la aventura.
- Sí, pero claramente no era una aventura limpia, jajajajajaja.
- Tu puta madre sí que es limpia.
- Menos cuando se lo hace contigo, que dice que te gusta si tiene olor a sobaco.
- Serás gilipollas.
- Yo también te quiero, Pedrito.
- Subnormal, ¿y qué pondría en tu lápida? ¿"Rafa, prodigioso ingeniero que dedicó su vida al estudio"? Porque no veo que estés ni cerca de trabajar después de mil años estudiando. Ahí sí que vas a aprender lo que es la vida de verdad.
- ¿Tú crees que trabajar va a ser más duro que la puta carrera que estoy haciendo?
- Hombre...
- No tienes ni puta idea de lo que dices.
- Ya veremos.
- Mira, esa sí sería una buena frase para poner en la lápida.
- ¿Cómo?
- Juan García, muerto en Madrid, blablabla, últimas palabras: "Ya veremos".
- Pues quedaría bien.
(...)

sábado, 16 de abril de 2016

"Vacaciones"

- ¿Y a dónde te vas a ir este año de vacaciones?

- Pues...La verdad es que no lo tengo claro. Había pensado hacer algo exótico, pero mi novio sigue empeñado en lo de volver a Londres para nosequé concierto y no sé cómo convencerlo de lo contrario. Sólo tengo dos semanas de vacaciones en julio y me gustaría ir a algún sitio en el que no hubiera estado.

- Hombre, lo suyo sería que ambos cedierais un poco, ¿no? Total, dos semanas dan para mucho y podéis hacer dos viajes de varios días a lugares diferentes.

- No, si tienes razón, pero a mí me apetecía algo más tipo cultural, uno de esos viajes en los que aprendes algo histórico, como por ejemplo Machu Picchu, y pasar allí las dos semanas.

- Buff, ¿dos semanas en Machu Picchu? Mi primo estuvo allí el año pasado una semana y dijo que se le hizo eterno, aunque también es cierto que él es más de cosas más movidas y menos culturales, como cuando fue a Liverpool, a visitar el pub The Cavern donde tocaban los Beatles.

- Sí, ese viaje lo hice yo también. Juan, mi hermano, como no tenía con quién ir, me embaucó para que le acompañara...Estuvimos cuatro días seguidos yendo al sitio ese, que era un antro del demonio, en el que siempre tocaba el mismo grupo, cuyo batería (un tipo feo donde los haya) no hacía más que guiñarme el ojo. Ya le dije a Juan que no volvía a hacer un viaje con él si no era consensuado.

- Pues a mí me chiflaría ir, siempre he sido muy aficionado de la música de esa época y los Beatles fueron los que se inventaron de qué iba esto del Pop, aunque la verdad es que es un viaje que debe esperar, porque he quedado en hacerlo con mi colega Quique y ya me ha dicho que con el lío de curro que tiene, por lo menos hasta el año que viene nada. Haremos la típica escapadita de la peña a Ámsterdam que hacemos de vez en cuando para ver el fútbol y ya está.

- Entonces, ¿qué estás planeando para este año por tu cuenta?

- Pues me debato entre ir a Roma, en un plan que se llama "Maravillas Imperiales", o a Florencia, con otro cuyo nombre es "Delicias del Renacimiento". El año pasado ya estuve en Roma, en un circuito que se llamaba "Capitales del Fascismo" que también incluía Berlín y Madrid, y aunque sé que el enfoque es radicalmente opuesto a áquel, creo que me decantaré por Florencia.

- A mí Florencia me encantó, aunque no sé si el viaje que hice fue como el tuyo. Se llamaba algo así como "La patria del mecenazgo" y tenía una visita a Pisa.

- Vaya, el mío no incluye la visita a Pisa. ¿Merecía la pena? Supongo que por ver la Torre Inclinada y tal, pero, ¿hay algo más?

- Sí, sí. Pisa era una ciudad con mucho movimiento, tanto por lo que comentas como por ser una ciudad universitaria, así que había mucho ambiente. Yo creo que volvería sin dudarlo.

- Y lo de Londres, ¿por qué es? Decías algo de un concierto pero, ¿quién actúa en él?

- Pues está empeñado en que debemos ir a ver a un grupo inglés de los años 70 y 80 del siglo pasado, que se disolvieron porque su cantante se murió de SIDA. Queer o algo así.

- ¡Venga ya! ¿Quiere ir a Londres a ver a Queen? ¿A 1986?

- Justo. ¿Cómo lo has adivinado?

- Mi padre siempre dijo que cuando inventaran los viajes en el tiempo, lo primero que haría sería viajar a 1986 para ver a Queen en Wembley. Lo habré acompañado una docena de veces a los dos conciertos, pero él siempre que puede va, y más desde que está jubilado. Ese viaje lo tiene marcado a fuego, si lo vieras cómo disfruta...Entre canción y canción te dice cosas como "atento a lo que hace Freddie ahora con el público" o "mira, mira el riff que se marca Brian May con la guitarra"...Deberían nombrarlo guía honorífico para ese viaje.

- Vaya, pues tiene que gastarse un pastizal en viajes, ¿no?

- Qué va, cuando surgió todo este tema de los viajes en el tiempo, aprovechó una oferta y se sacó el abono TimeTravel para dos personas para viajar con mi madre. Se gastaron la mitad de los ahorros, pero ya te digo que lo han compensado con creces. Yo con mi sueldo y con la realidad económica que tenemos, ya sé que jamás podré pagarme ese abono y que me tengo que conformar con hacer un viajecito o dos al año como mucho.

- Ya, es lo que nos ha tocado.





jueves, 10 de octubre de 2013

"Sólo un rato más"

Es viernes por la tarde, acabas de llegar de trabajar. No tienes ninguna tarea apremiante que hacer y te pones a ver la tele. A los diez minutos de saltar de canal en canal sientes que te aburres soberanamente y piensas en qué hacer para entretenerte un rato, al menos hasta ver si sales esta noche o no. Descartas un cómic o un libro, porque hoy ya has leído bastante en el metro. No te apetece ponerte a ver una serie de las que has descargado esta semana porque tienes pensado hacerlo luego y no quieres quedarte sin nada que ver. Decides encender el ordenador, no para brujulear por la red, sino para jugar un rato a algún videojuego. La elección es rápida, escoges el FIFA porque, te dices a ti mismo, sólo va a ser un rato.


Tienes una partida grabada con tu perfil en la que eres el manager del Manchester City. Tu equipo juega un estrambótico 3-5-2 con gente como Iniesta y Kroos en el centro del campo y con Balotelli y Pato en la delantera. Dejaste la temporada prácticamente en sus inicios, finalizando el mes de noviembre. Como sólo va a ser un rato, decides simular los partidos contra equipos fáciles tipo Stoke City o Bolton, que acaban en goleadas de escándalo (tal es la superioridad de tu plantilla), y reservarte para jugar contra algún rival de enjundia tipo Chelsea (al que habías dejado en lo más alto dos temporadas antes) o Manchester United (el máximo dominador de las competiciones inglesas desde hace tiempo). Al final te conformas con el Liverpool, una escuadra potente pero menos que las otras dentro de las punteras, pero que cuenta con Torres en la delantera (es lo que tiene jugar con la edición de hace unos años) que dada su valoración, cercana a 90 (errores como éste, valorando tanto a semejante paquete, son los que hay que pulir), es un hueso duro de roer. Desde que comienza, es un partido a cara de perro, con poco fútbol y pocas ocasiones así que, cuando se está terminando la primera parte e Iniesta le pone un balón en profundidad a Balotelli para que éste anote ante la estirada inútil de Reina, sabes que si aguantas los primeros minutos del segundo tiempo el partido es tuyo. El Liverpool lo intenta pero la defensa, comandada por Hummels, se muestra infranqueable y llegando al minuto 75, de nuevo Balotelli, en jugada personal, marca para los tuyos el 2-0. Queda tiempo aún para que Pato anote de falta y para que el italiano de origen africano firme un fantástico hat-trick tras cabecear un centro de Ireland. El 4-0 final te dice dos cosas: estás en forma y quieres jugar más.

Miras la hora y compruebas en el móvil que nadie te ha llamado ni mandado un mensaje, así que decides seguir jugando. Avanzas alguna jornada más, simulando los partidos (siempre con victoria) hasta que llegas a un partido de F.A. Cup contra el fantástico Arsenal de Fábregas, Van Persie, Nasri, etc. Evidentemente se trata de un partido que quieres jugar, la simulación en ese caso sería mutilar el placer de un gran partido. El partido es un ir y venir de área a área, con ocasiones claras de gol casi en cada jugada, lo que hace que al descanso el marcador parezca casi de final de partido, 2-2, con goles de Adebayor y Nasri para el Arsenal, y Pato y Kroos para los tuyos. La segunda parte es justo lo contrario, el juego se ralentiza, parado por faltas e imprecisiones en los pases y con nulas ocasiones de gol, lo que hace que se llegue con empate al final de los 90 minutos reglamentarios. En la prórroga la tendencia del segundo periodo se mantiene, hasta que a falta de 3 minutos para llegar a los penaltis Fábregas engancha un chut potentísimo desde fuera del área que deja en inútil la estirada de Joe Hart. 3-2 y para casa, el Arsenal te acaba de echar de la competición futbolística más longeva del mundo.


La cara de tonto que se te ha quedado te dura unos segundos, los que tardas en meterte en el calendario para ver cuántos partidos te quedan para que tu equipo se enfrente a otro de los poderosos y poder así tener la revancha ante tan dolorosa derrota. Compruebas que los siguientes cinco partidos son contra equipos facilones y que luego te espera el Manchester United. Simulas los encuentros obteniendo goleada tras goleada y te preparas para el duelo en la cumbre, reservando a tus titulares en el partido anterior. Nada puede fallar, tienes a tu equipo en plena forma y el ManU está de capa caída, cuarto en la clasificación de la liga y eliminado en Europa. Sin embargo Rooney no opina lo mismo, ya que aprovecha una indecisión entre los defensas para colarse entre ellos y definir con clase ante la salida de Hart. 0-1 y no han pasado ni cinco minutos, sin duda una mala manera de comenzar el partido. Has de compensar el golpe lo antes posible, antes de que los pupilos de Ferguson cojan demasiada autoestima y te coloquen el 0-2. Sacas de centro y Pato inicia un eslalón evitando contrarios a base de recortes, cambios de ritmo y velocidad, de tal manera que se planta delante de Van Der Sar. El portero holandés se tira hacia los pies del delantero brasileño pero es tarde, ya que Pato le ha servido en bandeja el gol a Balotelli, que sólo ha de empujar el empate. A partir de ahí todo va sobre ruedas, básicamente porque nadie puede parar a Pato, que repite una y otra vez los regates y cambios de ritmo. El brasileño marca desde fuera del área el segundo, le hacen el penalti que supone el tercero y, ya en la segunda parte, marca el definitivo 4-1 a puerta vacía tras un servicio desde la derecha de Dani Parejo.

Tras una victoria tan contundente piensas que quizá sea el momento de parar y prepararte para salir...Pero miras el móvil y no parece haber plan alguno, pese a que ya son las 22:00. Un ratito más no le hace daño a nadie, sólo cinco minutos más, te terminas convenciendo. Además miras el calendario y compruebas que los siguientes tres partidos son de aúpa: Chelsea, Tottenham y Arsenal. El primero de los encuentros parece más duro a priori de lo que resulta al final, básicamente porque aprovechas que los "blues" tienen un esquema suicida (similar al tuyo, no en vano mantienen el que impusiste tú dos temporadas atrás) que te permite tirar balones en profundidad en las alas y conseguir ocasiones relativamente fáciles. El resultado final (1-5, con goles Ireland dos veces, Pato, Balotelli y Kroos) es contundente. El partido del Tottenham decides simularlo porque das por hecho que tus chicos solventarán sin problema cualquier eventualidad frente a los Spurs. No te decepcionan y vencen con comodidad, 3-0, y te pones a pensar en el partido contra el Arsenal de Fábregas, Nasri y Van Persie, y en vengarte de aquella derrota en la F.A. Cup. Reflexionas unos segundos teniendo en mente el equipazo que tenía el Arsenal de tu adorado Nick Hornby entonces y lo bonito que habría sido que hubieran podido mantener aquel plantel añadiendo algún retoque en forma de fichajes...Dejas el sueño diciéndote a ti mismo que quizás en un par de temporadas fiches por los "Gunners" con el objetivo de ponerles en lo más alto. Por el momento lo único que quieres es que tus pupilos del City les den un severo correctivo. Sin embargo, el partido es muy igualado y con continuas idas y venidas, con lo que el empate a dos goles resulta más que justo, inevitable.


Tienes hambre, pero sólo de victoria, con lo que te decides a afrontar el periodo de fichajes que hay en enero con ganas de contratar una perla que te permita afinar aún más al equipazo que ya manejas. La idea es fichar a un delantero centro zurdo, básicamente porque te encanta tener uno diestro y uno zurdo en la punta del ataque y los dos que ya tienes (Balotelli y Pato) son diestros. Peinas el mercado y dispones de dos opciones: Diogo del Olympiakos y Jovetic de la Fiorentina. La media de ambos es la misma (87) pero el primero es mucho más barato...Como vas sobrado de pasta ese no es problema y te dices que si uno juega en Italia en un equipo puntero seguro que es mejor que cualquier estrella de la liga griega. El salto de calidad es considerable, ya que al fichar por tu equipo, el montenegrino pone su media en 93, lo que significa que Balotelli vuelve al banquillo. Tienes incluso mejor equipo que antes, pero quieres apuntalar algún puesto más, principalmente en los mediapuntas que juegan detrás de los delanteros. Tu idea está clara, chicos jóvenes con buena media que le permitan al equipo contar con su concurso durante muchas temporadas, así que fichas a Miralem Pjanic y a Ivan Rakitic, que junto a Kroos forman la mejor tripleta de Europa en ese sentido. Con la media definida decides que necesitas otro defensa central que esté al nivel de Micah Richards y Hummels, así que fichas a Piqué. Tu once parece sacado de una hipotética selección mundial. Vas a arrasar con lo que venga por delante.

Después del mes de fichajes viene lo mejor de la temporada, partidos contra los equipos más fuertes de la Premier, eliminatorias de las diferentes copas nacionales y los emocionantes cara a cara de la Champions. Te esperan tus viejos rivales (Chelsea, Man. United, Arsenal, Liverpool) y otros nuevos (Bayern Münich, Real Madrid, FC Barcelona, Juventus, Inter...) que hacen que te relamas ante la cantidad de partidos a cara de perro que te aguardan, justo los que más te gusta jugar. Te quedan la Copa de la Liga (un título menor), la bella Orejona y la prestigiosa Premier League, y vas a por todas.

Como has hecho hasta ese momento, simulas con éxito todos los partidos contra equipos morralla para centrarte en jugar contra los rivales grandes. El primero que se te pone por delante es el Barcelona en Copa de Europa. Ha perdido a gente como Iniesta (que forma en tu equipo) pero el mejor jugador del mundo sigue en sus filas, así que tienes que andarte con cuidado. El partido de ida es igualado, con mucha posesión en el centro del campo y pocos acercamientos a las áreas. Cuando todo parece indicar que el resultado final será 0-0, una internada de Pjanic por la izquierda en la que regatea a Dani Alves y se va hacia la frontal del área, acaba con un chut descomunal que hace inútil la estirada de Valdés. Con el 1-0 en el bolsillo, la visita al Camp Nou será un poco menos difícil, te dices. Y cuando te adelantas en el primer minuto con un corner te das cuenta de que es coser y cantar. Te dedicas a mantener la bola y tirar contraataques cuando la defensa del Barça lo permite. El resultado habla por sí solo, 0-3, y que pase el siguiente.


Lo siguiente es una catarata de derbis y partidos de máxima rivalidad en la competición doméstica. Primero el Man. United, que se lleva un severo correctivo de 1-5 en su feudo de Old Trafford que deja a todos estupefactos, incluido tú mismo. Luego visitas al Liverpool de Torres y, de nuevo, el resultado habla por sí solo, un 0-3 con un repaso que en el verdadero Anfield Road te habrían despedido aplaudiendo de pie. En casa recibes al Chelsea y lo vuelves a golear, esta vez con un 4-0 en el que todos los goles llevan la firma de Pato (ya de lejos el máximo realizador del campeonato). Y terminas yendo al Emirates para redondear el cuarteto de partidazos pensando que ahí finiquitas la liga. Sin embargo, da la sensación de que Fábregas y Van Persie te tienen tomada la medida y sólo sacas un empate a un gol que deja las cosas igual en la clasificación, con los dos equipos comandándola a igualdad de puntos.

Miras el calendario y compruebas que sólo te quedan partidos contra equipos maluchos en Premier, que la Copa de la Liga la ganaste sin saberlo al simular partidos (resulta que el otro finalista era el West Bromwich Albion y le metiste siete goles) y que sólo te quedan los partidos de Champions para ver si optas al triplete (la liga la tienes ahí, basta con que el Arsenal pinche). El siguiente rival, ya en Cuartos de final es facilón, un Ajax de Ámsterdam venido a menos en el que sólo brilla Huntelaar en la punta de ataque. De hecho es tan fácil que lo simulas obteniendo un resultado digno de un partido de tenis, 1-6 y 6-0. Sólo te queda un escollo duro para afrontar la final, la Juventus de Turín, uno de esos equipos que siempre has odiado/admirado desde que eras chaval. La idea de tener enfrente a Buffon, Del Piero, Nedved y demás no te provoca miedo, pero sí un respeto por la jerarquía de semejantes jugadores.

Antes de afrontar a la Juve, simulas los partidos de Premier obteniendo goleada tras goleada...Hasta que llega el partido del Everton. El equipo de David Moyes resulta un obstáculo en el título liguero con el que no contabas, básicamente porque te empata el partido cuando queda tan poco que ni siquiera puedes reaccionar. Se te pasa por la cabeza salir del juego y simularlo de nuevo, pero eso sería hacerse trampas al solitario, te dices. Ahora necesitas que el Arsenal pierda un partido sí o sí, porque de lo contrario el título iría a parar a las vitrinas de los Gunners. Pero eso será después, porque ahora toca concentrarte en las semifinales contra la Vecchia Signora.

Los dos partidos son duros a más no poder, principalmente porque el entramado defensivo de los bianconeri hace que sea muy difícil crear ocasiones de gol. El 0-0 de la ida en tu campo se repite en la vuelta en el Stadio delle Alpi, con lo que serán la prórroga y/o los penaltis quienes dirimirán quién lucha por ser campeón de Europa. Sin embargo todo parece torcerse para ti cuando, en la primera jugada de la primera parte de la prórroga, Nedved cuelga un balón a tu área que remata Trezeguet, el balón tropieza en Piqué y el siempre listo Del Piero recoge el rechace para ponerla en la escuadra.1-0. Antes te valía con un gol para clasificarte y ahora también, te repites. A partir de ese momento te vuelcas en el área de Buffon una y otra vez, pero nunca con fortuna. En la segunda parte de la prórroga las cosas siguen igual: tú intentando marcar y la Juve defendiéndose cual gato panza arriba. Todo parece indicar que la Juve volverá a la final...Hasta que, obviando lo que dicen los cánones del fútbol, decides que esto sólo lo puede solucionar un hombre:Iniesta. Si consiguió meter el gol que le dio el Mundial a España, ¿por qué no va a meter al Manchester City en la final de la Champions? Te las arreglas para que el manchego reciba en tres cuartos de cancha y, a base de recortes y cambios de ritmo, sorteas uno tras otro a todos los defensas hasta quedarte enfrente del gran Gigi Buffon. En ese instante dudas qué hacer (tiro duro, tiro colocado, vaselina, regateo al portero...) y de repente te viene la certeza: pase de la muerte. El generoso Iniesta regala el gol a Diogo que, a placer, pone el balón en la red y a tu equipo en la final.


Sólo te quedan dos partidos para terminar la temporada: la final de la Champions y la última jornada de la Premier, donde el Arsenal marcha un punto por encima de ti aunque ellos tienen al Liverpool delante y tú al Stoke City. Es curioso pero tienes el pálpito de que si ganas los dos partidos tienes el triplete en la mano. La final es doblemente especial, por un lado ser campeón y con un equipo no habitual, y por el otro ganársela al Madrid, el equipo del que eres aficionado. Aunque, seamos serios, mentirías si dijeras que tienes el corazón partido, quieres ganar y punto. De hecho estás tan motivado que aunque enfrente estén Robben, Sneijder, Van Nistelrooy, Van der Vaart (ojo a la troupè de holandeses, ni el Barça de Van Gaal) y los míticos Casillas y Raúl, sabes que vas a ganar...Y por goleada. Te equivocas de medio a medio. El partido es excepcional en todo: espectáculo, goles, igualdad...Empieza marcando el Madrid, Raúl (quién si no) acude puntual a su cita con el gol y te clava uno de esos típicos chicharros suyos, apareciendo donde sólo se le ocurre estar ahí. 1-0 con gol "del que nunca hace nada". Respondes tú con dos buenos fogonazos de Pato culminadas por Diogo. Se trata de dos jugadas casi calcadas, arrancando por la banda izquierda y rompiendo al lateral para después internarse en el área y dar un pase al segundo palo donde Casillas no puede hacer nada para evitar que Diogo empuje el balón a la red. 1-2 y partido a tu favor....Por poco tiempo, porque el siempre impredecible Robben hace una de sus jugadas de chupón fuera de serie yéndose de cuantos defensores le vienen al paso y vuelve a poner el partido con empate a dos goles. Con ese resultado se llega al descanso. La segunda parte se decanta más a tu favor, al menos en juego, porque las paradas increíbles de Casillas se repiten casi en cada uno de tus ataques, impidiendo que llegue el gol que de te dé la victoria. Al final de los 90 minutos la cosa está igual que al descanso y la prórroga parece un calco de la segunda parte, contigo atacando y el Madrid aferrado a Casillas (cómo se parecen los videojuegos a la realidad, te dices) hasta que se cumplen los 30 minutos extra. Los penaltis te dan miedo precisamente por el portero que tienes enfrente y no te equivocas. El Madrid mete los cuatro primeros y le vale para ser campeón porque el mejor portero del mundo te ha atajado dos previamente. El Madrid es campeón de Europa por décima vez y tú te quedas con cara de gilipollas.

Sólo te queda la Premier para llevarte algo a la boca, fuera de la triste Copa de la Liga que obtuviste sin enterarte, y la verdad es que lo tienes difícil. Tienes tan clara tu victoria contra el Stoke que la simulas (un 0-3 sin paliativos) y, mientras avanzas las pantallas hasta el final de temporada, rezas para que el Liverpool empatara al menos con el Arsenal para dejar al equipo de Fábregas y Van Persie con la misma sensación que la que has tenido momentos atrás con la final de la Champions. Aparece la clasificación final y ahí estás, primero del campeonato, campeón de la Premier League. Gritas un "toooma" con el que borras la sensación de amargor por la reciente derrota y le das a continuar hasta que llega la pregunta clave: ¿desea seguir en su equipo actual? Es curioso, si hubieras ganado la final contra el Madrid no tendrías dudas y habrías cambiado de equipo, pero ahora quieres ir un paso más y decides seguir para llevar a lo más alto al Manchester City. Aceptas y comienzas con los trámites preligueros: patrocinadores, elección de partidos de pretemporada, fichajes...

Miras la hora: 2:53. El tiempo vuela, está claro. Deberías irte a la cama, no por que tengas obligaciones al día siguiente, sino porque llevas horas jugando y te duele todo el cuerpo. Sin embargo te gustaría dejar hechos un par de fichajes antes de comenzar la liga. Jugaré un rato más, te dices, sólo un rato más...

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Una anécdota para la esperanza

Se llama Pablo y debe tener unos 16 ó 17 años. Es más o menos alto (en torno al 1,80 m), rubio y yo diría que hasta guapete (no soy precisamente un experto en decir esto sobre varones, no son mi especialidad precisamente). Va siempre con uno de esos uniformes de colegio pijo de ahora, pantalones marrones como de vestir pero sin serlo y polo blanco con el escudo del centro en el pecho, aunque Pablo le da su toque personal con una cazadora de marca surfera por encima, unas zapatillas de fútbol sala negras de Nike en los pies, cascos en las orejas y smartphone en las manos. Resumiendo, se trata del típico chaval de instituto con pinta de triunfador de la clase, uno de esos que todos hemos conocido (y sufrido), que se llevan a las chicas de calle y son los auténticos jefes del lugar. Tristemente esos tipos suelen ser bastante chulitos, van muy sobrados ante cualquier cosa y tratan con displicencia a los que están por debajo de ellos (que generalmente son todos los que los rodean).

Aunque parezca sorprendente, Pablo no es así. Bueno, debería decir que se trata de alguien a quien conozco de vista porque coincido en el metro con él de lunes a viernes, con lo que se trata de un conocimiento somero y para nada profundo. Pero hay algo que he visto que hace habitualmente que me hace pensar que es un chaval majete. Resulta que, en el mismo trayecto mañanero, tanto Pablo como yo coincidimos con una serie de personas con cierto retraso mental (algunos jóvenes, otros ya mayores) que van a un colegio situado en el Norte de Madrid. Entre esas personas hay uno de ellos que casi siempre lleva algo de ropa relacionada con al Atlético de Madrid, el club del que es hincha ferviente quizá con la ilusión del niño que mentalmente es aunque físicamente dejara de serlo años atrás. Este simpático aficionado del Atleti cada vez que ve a Pablo se acerca, lo saluda como si fuera un amigo de siempre, charla con él animadamente e incluso le presenta a compañeros del colegio al que asiste...

Quizá es triste que me parezca un hecho fuera de lo normal, pero el que Pablo atienda al dicharachero rojiblanco con la mejor de las sonrisas, que se pare a atender a lo que dice, que le pregunte cosas y se interese por él, me parece un hecho enternecedor y digno de mención. Una anécdota para la esperanza.


miércoles, 11 de julio de 2012

"Traslado de números"

Hace poco que cambié de teléfono móvil, tratando de adaptarme a las nuevas tecnologías al pasar de mi viejo zapatófono a un flamante smartphone de última generación. Lo malo de estos cambios es que, si eres un inútil digital como yo, te ves obligado a pasar de manera manual todas las cosas que tenías guardadas en el teléfono antiguo y en concreto la agenda de contactos por completo. Se trata de una de esas labores ingratas que sabes que tienes que hacer aunque no quieras y que te llevan una tarde entera de trabajo monótono que se te hace eterna.

El caso es que, cuando estaba llegando a la mitad de la lista de contactos, me encontré con el número de mi padre. Al principio me sorprendió encontrármelo ahí, ya que pensaba que lo habría borrado después de que mi padre muriera el año pasado, y lo más curioso es que pese a ser consciente de esa situación, tuve el impulso de pasarlo a la nueva lista como estaba haciendo con la mayoría de los números hasta ese momento. Evidentemente no lo hice, pero me quedé un rato mirando esas cifras, embobado, sin ganas de continuar la tarea que estaba realizando.

Sé que sonará sentimentaloide, como sacado de telefilme barato y casposo, pero pensé que si llamaba al número saltaría el contestador y podría escuchar la voz de mi padre una vez más, aunque fuera en aquel mensaje grabado, corto y sobrio. Sin embargo, tras marcar las cifras, en vez de saltar directamente al contestador, escuché cómo daba línea y sonaban los tonos de llamada. En vez de colgar directamente, como habría hecho cualquier persona con dos dedos de frente, me quedé esperando de manera absurda a que alguien descolgara, quizá porque esperaba que ese alguien fuera mi padre muerto meses atrás. La que descolgó fue una chica que, tras unos segundos preguntando por quién llamaba y sin recibir respuesta alguna, se lanzó a insultarme a grito pelado, llamándome pervertido y mil cosas más, además de amenazarme con llamar a la policía. Aquello me acongojó cosa mala, básicamente porque me había metido en un lío sin hacer nada de nada.

Me costó un poco que la chica en cuestión me escuchara, pero al final le dije quién era y por qué había llamado, y, aunque le pareció todo un poco raro, se tranquilizó y terminó pidiéndome disculpas. Lo que pasaba era que la chica tenía un ex-novio obsesionado con ella, hasta tal punto que se había cambiado de ciudad, de trabajo y, claro está, de teléfono móvil para poder librarse de él. Así que cuando vio un número que no conocía y al descolgar nadie respondía, pensó inmediatamente que se trataba de su ex y por eso había reaccionado así.

Después de una pequeña charla, ella colgó y yo volví a mi ingrata tarea de traslado de números, que me duró menos de lo previsto, quizá porque todavía tenía el susto encima.



lunes, 18 de junio de 2012

"Sueños temporales"

El otro día tuve un sueño rarísimo, de esos que luego te persiguen cuando estás despierto porque los recuerdas de manera muy vívida, como si hubieran pasado de verdad aunque sabes perfectamente que son más falsos que Judas. Además lo jodido del sueño es que, aunque se trataba de una chorrada, la historia tenía coherencia, no era como esos sueños que tienes que van como a tirones, en los que las cosas van pasando sin ningún tipo de hilación y todo parece un batiburrillo sin sentido. Para que nos entendamos, tuve un sueño de capítulo de serie estadounidense en vez de uno de serie española.

Bueno, al lío. El sueño empezaba conmigo dispuesto a usar una máquina del tiempo recién inventada. Aquí hago un inciso. Soy un fanático de las historias con viajes temporales, así que es más que lógico que hasta sueñe que yo mismo viajo en el tiempo. Volviendo al tema, resultaba que viajaba atrás en el tiempo pero no a una época lejana ni a ningún lugar exótico. Iba a Madrid como en torno al año 2000, cuando Florentino Pérez se presentó a las elecciones del Real Madrid. No se trataba de una fecha casual por dos razones. en primer lugar yo ya sabía que él se convertiría en presidente del club gracias al golpe de mano del fichaje de Figo (pese a que el Madrid ganó la Champions) y, sobre todo, en segundo lugar, ese año fue cuando el Barça fichó a Leo Messi.

Mi viaje en el tiempo estaba centrado de manera exclusiva en salvar al madridismo de la pesadilla que ha sido el Barça los últimos años con el mejor jugador que he visto nunca a la cabeza. Mi idea era convencer a Florentino de que fichara a aquel chaval de 13 años que iba a aterrizar en Barcelona para convertirse en historia del fútbol. Supongo que haber leído recientemente un artículo de Hernán Casciari sobre él (Messi es un perro) se había quedado en mi mente de tal modo que pergeñó esta historia de la nada. Sé que sonará absurdo pero recuerdo que conseguí que el bueno de Flo fichara a Messi (los sueños son así). De lo que no me acuerdo nada bien es del final del sueño. Sé que volvía al presente y las cosas habían cambiado pero no del todo, cómo me hubiera gustado . No sé, supongo que pese a que los cambios no fueran del todo perfectos, la siguiente imagen valdría sin duda un viaje en el tiempo.


sábado, 9 de junio de 2012

"Toda historia tiene un final"


C. sabía que toda historia tiene un final y quizá el suyo con E. estaba cerca de llegar. Cuando llevas tanto tiempo en una relación sabes que has de dar pasos continuamente porque en eso consiste el viaje, en avanzar, y hacía tiempo que, entre ambos, todo estaba estancado en una triste rutina, varados en una situación carente de chispa y de difícil retorno. Tenía que tomar una decisión pero no sabía cuál, no podía dormir, apenas comer y sólo le daba vueltas a lo mismo. Supongo que esa fue la razón por la que se pasó de parada.


(Este es el relato con el que participé en el VI Certamen de relatos breves de Renfe)

domingo, 3 de junio de 2012

"Obsolescencia programada"

Alguno dirá que tener un accidente de avión es tener mala suerte, y probablemente tenga razón, aunque yo diría que sobrevivir cuando el resto de pasajeros han fenecido es haber tenido tan buena suerte que compensa la otra con creces.

Alguno dirá que sobrevivir pero quedándose flotando en el mar a la deriva es, además de una putada, tener mala suerte, y no digo que no, pero creo que el que no te coma ningún bicho marino y llegues a una isla tras sólo un día flotando es tan  buena suerte que compensa ampliamente lo de la travesía en el mar.

Alguno dirá, no sin razón, que llegar a una isla pero que esté desierta es tener mala suerte, pero yo diría que el que a la misma isla lleguen cajas procedentes del avión y que además haya árboles frutales y bichos que comer es, además de una bendición, tener bastante buena suerte.

Alguno dirá que vivir solo sin la posibilidad de hablar con nadie y con un montón de horas sin saber qué hacer fuera de preparar las comidas y dormir, te lleva poco a poco a la locura y es tener mala suerte. Aunque yo la verdad creo que el encontrar un tablet último modelo lleno de libros, juegos y aplicaciones, y además un cargador solar es, dentro de la situación, tener la mejor de las suertes.

Ahora que, después de dos años solo en la jodida isla desierta, habiendo perdido la esperanza de que nadie me encuentre, comiendo frutas y animales infames, durmiendo en una triste choza sobre la arena y divirtiéndome exclusivamente con aquel tablet que era nuevecito, espero que nadie me diga que es mala suerte el que el puto tablet se haya jodido, cuando lo cuido como si fuera mi propia vida.

Eso no es tener mala suerte, eso es sencillamente una cabronada de la empresa X, que fabrica sus cacharros sabiendo que pasado un determinado tiempo van a joderse. Supongo que cuando uno vive en la comodidad del Primer Mundo no se preocupa tanto de estas cosas, pero dada mi situación lo único que puedo decir es: ¡¡¡Puta obsolescencia programada!!!




jueves, 5 de abril de 2012

"El mejor rato del día"

El mejor rato del día empieza justo cuando llego a la parada del metro, en torno a las 8:00, cuando me dirijo al trabajo. A esa hora saco mi libro electrónico de la bandolera en la que llevo mis pertenencias y me pongo a leer. Normalmente voy tan enfrascado que soy capaz de seguir leyendo mientras camino en el transbordo que tengo que realizar. Gracias a que ahora leo literalmente lo que me viene en gana gracias a que me descargo de internet los libros, he conseguido que ese rato de lectura que dura más o menos media hora, me permita desconectar completamente de lo que sucede a mi alrededor y me ayude a aforntar todo lo que tengo que hacer en el día. Es curioso, pero cuando vuelvo de trabajar no consigo ese aislamiento mental y, aunque sea el mismo tiempo el que invierto en ambos trayectos, leo bastantes menos páginas.

Cuando llego a la parada en la que me tengo que bajar, compruebo la hora y, si no son las 8:40, me siento en uno de los bancos del andén a esperar leyendo que llegue esa hora, que es cuando salgo a la cruda realidad. Sin embargo, el mejor rato del día no ha finalizado, porque, sobre todo cuando el tiempo acompaña, soy capaz de seguir leyendo mientras camino los siete u ocho minutos que hay hasta la oficina y es entonces cuando aparece la guinda del pastel, el niño rubio.

El niño rubio va a un colegio cercano, acompañado (es un decir) por su abuela, que le lleva la mochila. Lo mejor del niño rubio, de unos 4 ó 5 años de edad, es la vitalidad y la alegría que desborda. No camina, avanza en eses saltando y riendo a la vez que parlotea a su abuela, que camina unos metros más atrás mientras le contempla con una mezcla de ternura y preocupación, como la que tiene alguien que ha vivido lo suficiente como para saber que esa alegría poco a poco irá disminuyendo. Ver a ese niño cada día merece la pena aunque sólo sea por el mero hecho de que, sin que te des cuenta, su manera de ser te saca una sonrisa y te hace llegar contento allá donde vayas.

Ya no volveré a ver más a ese niño, porque esa etapa de mi vida acaba de terminar, así que el mejor rato del día tendrá que ser otro. Una pena, la verdad.

miércoles, 21 de marzo de 2012

"Viaje fallido"

"Hoy un fulano me ha contado una historieta de lo más curiosa. El tipo en cuestión, que tenía una apariencia de los más normal (de complexión media, cercano al metro ochenta de estatura, pelo negro, ojos marrones y barba de pocos días) ha venido a buscarme al trabajo, solicitando reunirse conmigo sin cita previa (aunque habitualemente tampoco es que reciba a mucha gente) y, dada la insistencia que mostraba, me he avenido a escuchar lo que tenía que decirme. Resulta que el tío me dice que viene del futuro, en concreto del año 2034 (tooooma ya), en el que ya se puede viajar en el tiempo, aunque con evidentes restricciones (menos mal...). Me he quedado tan estupefacto que no sabía ni qué decir, así que ha seguido hablando, diciéndome nosequé del resultado de un partido de fútbol de hace unos días, que ahora no sabía qué hacer y que yo era la única persona que podía ayudarle. Ahí es cuando he pensado que era una cámara oculta. Lógicamente le he preguntado sobre la razón por la cual yo era el único que podía echarle una mano y me ha dicho que en el futuro nos conoceríamos y que la única persona que conoce y en la que puede confiar del presente en el que nos encontramos era yo. Aunque parezca increíble no era ninguna cámara oculta, ni una broma pesada de algún conocido y lo más raro es que el tipo en sí, no parecía enajenado de ninguna manera y estaba convencido de que lo me estaba diciendo era la mayor de las verdades. Quizá lo que me ha resultado más curioso ha sido que el fulano en sí me sonaba un montón, como si lo conociera de algo o me recordara a alguien. No le he prometido nada pero he quedado en que nos volveríamos a ver pronto, no sé por qué pero me pica la curiosidad por saber más sobre sus historias."


"Desde que empezó el programa de viajes en el tiempo, dadas las circunstancias que sufre nuestra sociedad en la actualidad, supe que esa era la única manera que tendría de labrarme un futuro...Aunque fuera en el pasado. En las primeras fases de prueba, al ser experimental, aceptaban a cualquiera que se presentara voluntario, así que no me resultó nada complicado entrar a participar en lo que poco tiempo antes parecía reservado sólo a historias de ciencia ficción. Dada la singularidad de las pruebas experimentales, los científicos que las dirigían nos explicaban a los voluntarios el funcionamiento de la máquina en cuestión con detalles muy precisos sobre las consecuencias de hacer o no hacer determinadas cosas, con lo que al cabo de unos meses cualquiera de nosotros era capaz de hacer funcionar el aparato por sí solo. Y eso fue lo que hice. Mi plan consistía en que, una vez fuera capaz de viajar en el tiempo de manera autónoma y sin dejar trazas (bastaba con marcar un autoreseteo del aparato 5 minutos después de ser usado además de no activar el localizador que nos implantaban al comenzar las pruebas), viajaría a finales del siglo XX, una época muy cercana a la mía (lo que me permitiría una adaptación más fácil) y en la que me resultaría muy sencillo enriquecerme rápidamente. De hecho ese era el plan principal, y para eso había reunido una cantidad decente de dinero de aquella época que me permitiera apostar en las casas de apuestas a un partido que todavía se recuerda en mi tiempo, la final de la Champions League de 1999 entre el Bayern de Münich y el Manchester United que ganó este último con dos goles en el descuento cuando el partido parecía acabado. Lo único que tenía que hacer era poner todo el dinero unos momentos antes de que se acercara ese momento y...Zas, rico al instante. Pero no fue así. No me hice rico pero descubrí algo que los científicos de mi tiempo no habían descubierto. Resulta que al inventar la máquina del tiempo no contaron con la posibilidad de que, además de ir a la época que se quisiera, podrías caer en una realidad alternativa que no fuera la tuya propia, y eso fue lo que me pasó a mí. Caí en un pasado en el que el Bayern fue campeón y lo perdí todo. Entonces lo único que se me ocurrió fue recurrir a la única persona que sería 100% fiable fuera cual fuera la realidad en la que me encontrara, mi padre. Creo que al principio pensó que estaba loco pero me dio la sensación de que poco a poco empezaba a escucharme y hemos vuelto a quedar dentro de unos días. Es curioso, pero no sé qué deparará el futuro."

sábado, 10 de marzo de 2012

"Crisis y lectura"

Siempre me he considerado un buen lector, uno de esos cuyo número de libros leídos (de los buenos, eh, no de baratillo) está bastante por encima de la media. De hecho leo mucho más que la mayoría de la gente que me rodea, incluso, precisando aún más, podría decir que leo mucho más que todos las personas que conozco excepto una, mi amigo M.. No creo que haya nadie que lea más que él. Desde que lo conozco no recuerdo haberlo visto sin un libro en la mano. Si quedas con él siempre está esperando en el sitio de encuentro, leyendo completamente ensimismado. Si se dirige a cualquier lugar lo hace siempre en transporte público, ya sea metro o autobús, enfrascado en la lectura aunque tenga que ir de pie. Incluso, desde hace ya bastantes años, ha desarrollado la sorprendente capacidad de leer mientras camina, con lo que es capaz de seguir con las narices entre el libro cuando otros lo cierran.

Evidentemente tener a un amigo así tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Por ejemplo, es muy difícil que te leas un libro y él no se lo haya leído o no sepa algo del mismo, con lo que siempre puedes charlar con él sobre lo que has leído recientemente y te ha gustado. Además sabes que pedirle consejo a él para comprar un libro es garantía de éxito, porque tiene la rara habilidad de, con una serie de preguntas concretas, escoger la historia más adecuada para la persona en cuestión. Lógicamente cuando te regala un libro sabes que te va a encantar, y lo mejor es que no falla nunca. Sin embargo sabes que no puedes regalarle libros, porque en el mejor de los casos la sorpresa no existe (porque lo conoce) y la mayoría de veces fracasas (lo tiene o lo ha leído). Por otro lado es bastante extremista con el tema de los libros y se niega a salir de la lectura en papel, alegando que un aparato electrónico no es un libro, igual que un robot jamás será una persona.

El caso es que mi amigo M., que vive solo aunque acompañado de miles de libros en varias lenguas (lee en español, inglés y francés), hace unos meses que debido a la criminal crisis económica (aunque la mayor parte de los delincuentes se haya ido de rositas) que sufren los países industrializados (los subdesarrollados viven en crisis, nosotros las tenemos de manera temporal) tiene lo justo para vivir y poder pagar los gastos de la luz, el agua, el gas y la feroz hipoteca. Puede sonar triste decirlo pero cuando uno tiene que comer no puede pagar cosas que de imprescindibles se vuelven superfluas, como el teléfono fijo y móvil, internet, o, como es el caso que nos ocupa, los libros que uno lee. Por eso, la última vez que lo vi le pregunté a mi amigo M. cómo afrontaba el problema de leer en la actualidad, si había dejado de hacerlo, se dedicaba a releer lo que ya tenía o si los leía prestados de bibliotecas. Su respuesta me resultó un prodigio de ingenio. Me dijo:
M. - Por si no lo recuerdas, hago listas de libros y autores desde siempre, y a la hora de comprar iba con ellas y me llevaba siempre un lote de varios libros para no tener que ir continuamente a comprar más. Pues ahora hago lo mismo, pero calculo de manera precisa cuánto tiempo me va a llevar leer cada libro. De este modo, lo que hago es comprarlos, leerlos y, tras haber sido mucho más que exquisito en su cuidado, los devuelvo a la tienda donde los haya comprado. Ya me conoces, a mí me gusta leer libros que estén nuevos y eso es imposible de hacer cogiéndolos de una biblioteca. Así sigo leyendo lo que yo elijo y no gasto nada. Eso sí, sigo un par de reglas a rajatabla. En primer lugar sólo lo hago en centros grandes (El Corte Inglés, La Casa del Libro, FNAC, etc.) porque no creo que haciendo lo que hago les pueda causar mucho estropicio. En segundo lugar, siempre pago en metálico, para que no quede registro alguno en ninguna parte de lo que hago y menos en mis tarjetas.

sábado, 18 de febrero de 2012

"Planes de llamadas"

"El otro día en el trabajo escuché una historia curiosisíma. En un descanso mañanero, en uno de esos increíblemente ridículos (de pequeños) cubículos sin ventanas con los que las grandes multinacionales tratan de contentar a sus trabajadores para que sea allí donde se tomen un café o refresco, o incluso coman, nos encontrábamos unos compañeros y yo charlando y fue donde una anécdota que parece increíble.


En estas situaciones de tomar algo (bebida, comida o ambas) en el trabajo es normal que te juntes por grupitos de 4 ó 5 personas para realizar el descanso y, como no hay horarios preestablecidos, es bastante habitual que se produzca un lleno en el cubículo cuando te diriges con tus compis. Así que lo que sucede a menudo es que se producen varias conversaciones simultáneas entre todos los individuos que se encuentran en ese espacio tan reducido y a veces incluso habla una sola persona y el resto escucha.


Eso fue justo lo que pasó aquel día, estábamos dos grupos de personas diferentes, hablando cada uno a lo suyo cuando de pronto hubo un instante de final de charla a la vez y una de las personas del otro grupo (un tipo joven, bajito y sorprendentemente calvo para la edad que aparenta) le preguntó a una de su grupo sobre la frecuencia con la que hablaba con su familia (yo no lo sabía antes pero ya en ese momento me percaté de que ambos eran sudamericanos), que él tenía un plan especial con nosequé empresa que le salía a cuenta pero que le interesaba saber si los había mejores. 


La respuesta de la tía (una chica morena de ventitantos o quizá treinta, muy maquillada y resuelta) fue lo que me dejó extrañado (bueno, a mí y al resto, que nos centramos poco a poco en lo que decía). Dijo que todos o casi todos los días hablaba con su hermana, básicamente si le apetecía o no, pero que con el resto de su familia que vivía allá que también seguía un plan como el del calvo. El tipo evidentemente sintió curiosidad por ese reparto tan extraño y también por lo caro que le debía salir eso de llamar tanto a su hermana y volvió a preguntarle a la chica. Ella primero se carcajeó y luego le dijo: "Es que mi hermana trabaja para Vomistar".


Resulta que la hermana de esta chica, vive en su país y trabaja para esa "insigne" compañía de comunicaciones y lo único que hace la chica para hablar con ella es llamar al 1004 y, mediante una serie de peticiones que la desvían hacia el departamento de "desatención" al cliente en el que su hermana desempeña su trabajo, se tira el tiempo que quiere hablando con ella, con lo que matan dos pájaros de un tiro, la hermana no tiene que currar atendiendo a ningún cliente (tampoco es que se esmeren mucho, para qué nos vamos a engañar) y encima habla con su hermana de gratis, ahorrándose las llamadas trasatlánticas.


Flipa la cara que tiene alguna gente..."

lunes, 30 de enero de 2012

"Abusones"

"Todo el que lo ha vivido sabe que cuando eres un niño con gafas de culo de botella, el resto de tus crueles pares se esfuerza en recordártelo con fruición, usando términos manidos de tanto usarse como “gafotas” (original a más no poder, la verdad…), “cuatro ojos” (qué prodigio de metáfora, ¿no?) o “topo” (pase lo que pase siempre hay una referencia al mundo animal en este tipo de situaciones). Normalmente este tipo de insultos tienen especial significado cuando es el abusón de la clase el que te lo llama, básicamente porque siempre tiene adláteres que le siguen y la posibilidad de réplica se queda en agua de borrajas ante un más que claro cuatro ó cinco contra uno.
 
Esto que he descrito viene a cuento por una historia que me pasó hace poco, una tarde de las últimas Navidades. Me había dirigido a un centro comercial a realizar unas compras de última hora, principalmente chorradas relacionadas con las fiestas, alguna lucecilla para el nacimiento, un pack de bolas de adorno, botes de nieve artificial para el árbol, etc. El caso es que, una vez hechas las compras, me encontraba en la parada del autobús para volver a casa, cuando me fijé (lo que es muy raro, porque normalmente voy a todos lados absorto en el libro que esté leyendo en ese momento) en un grupo de chavales que se encontraban próximos y que estaban montando bulla.

 
Cuando algún ruido me distrae de la lectura (no es fácil) me irrito bastante así que alcé la vista con evidente mala leche para saber qué narices era lo que pasaba. Resulta que cuatro muchachitos estaban metiéndose con otro, llamándole con un sobrenombre absurdo que no entendí pero que era evidente que al chaval no le hacía ni puñetera gracia. La escena (cuatro niñatos gritando a otro, insultándole, haciéndole burla y empujándole) me cabreó bastante, no sólo molestaban con sus alaridos a la gente que se encontraba cerca, es que encima estaban dando por saco a otro chico que no parecía haberles hecho nada.
 

Tras un rato más o menos prolongado (esperar al autobús en Madrid hace que te dé tiempo a ver partidos enteros de fútbol) de continuo escarnio, el chaval empezó a apretar los puños y se le saltaron las lágrimas de pura rabia, lo que animó a los abusones a incrementar aún más las burlas añadiendo “llorica” (qué alarde de valentía la de los cuatro, ¿a qué sí?) a los insultos hasta que se cansaron y le dejaron allí, amenazándole con que no se moviera porque volverían en un rato a seguir con la diversión.
 

Durante todo el proceso de acoso y hostigamiento al chaval por parte de semejantes descerebrados, había pensado en ponerme en medio y salvaguardarlo de algún modo, pero pensé que sería pan para hoy y hambre para mañana, ya que no podría estar siempre en los sitios en los que los abusones fueran a por él y además no conocía al chico de nada. Así que lo que hice fue esperar a que se fueran y me acerqué al chaval, traté de tranquilizarle y no sé si fue por la rabia contenida desde la época en la que yo era un “gafotas cuatro ojos capitán de los piojos” o porque el adulto que soy ahora simplemente no soporta a los abusones, la cuestión es que le di el arsenal de chorradas de Navidad que acababa de comprar (principalmente los botes de nieve artificial de la que se no se va y los botes de confeti pegajoso) y le dije que se lo daba para que se defendiera, que la única manera que hay de salir de esas situaciones es enfrentándose al abusón, y que, aunque siguieran metiéndose con él, tomar la iniciativa era de ser valiente y que a la larga dejarían de hacerlo porque los abusones sólo se meten con los que tienen miedo.
 

Sé que parece sacado de una peli americana, pero lo que sucede en ese tipo de historias es que luego se ve al chaval enfrentándose a los gilipollas que se meten con él y todo sale de puta madre, pero la verdad es que no creo que fuera esto lo que pasó con el chico al que le di los botes. De hecho estoy convencido de que lo que sucedió fue que, poco después de que se defendiera con ellos, los abusones se los habrían arrebatado. Sin embargo, pese a ese presumible final triste, estoy convencido de que el chaval se iría a casa mucho más orgulloso de sí mismo…Bueno, al menos yo lo hice."