Una colección de historias, anécdotas, reflexiones y chorradas varias sin más objetivo que entretener

jueves, 20 de octubre de 2016

Recuerdos futboleros (II)

Hace unos añitos empecé una sección llamada "Recuerdos futboleros" que, por una razón u otra, no he continuado hasta el momento. Hoy retomo esa sección para lanzar la segunda tanda de mis memorias de aficionado al fútbol, y lo hago retomando la numeración que usé en la primera tanda:

5. El penalti de Djukic. Deportivo de La Coruña 0 - Valencia C.F. 0 (14 de mayo de 1994).

Cualquiera de mi generación recuerda el penalti de Djukic, uno de esos hechos que se rememoran cada vez que se cumplen cifras redondas (al año, a los cinco años, a los diez...). Yo estaba en la casa antigua, la de cerca del Paseo de Extremadura, viendo el partido en Telemadrid y con la radio puesta (como todo el mundo entonces). La situación era clara, dado que el Barça había ganado al Sevilla, al Dépor sólo le valía la victoria para proclamarse campeón de Liga por primera vez. El 0-0 parecía definitivo, pero una internada de Nando (aquel lateral zurdo rubio que también jugó en el Valencia) en el área provocó un penalti que parecía decantar las cosas para el cuadro blanquiazul....¿Pero quién tiraba el penalti? Donato estaba fuera al haber sido cambiado, y Bebeto demostró en aquel momento por qué no jugaría nunca en un grande (carencia de "bemoles") pese a su incuestionable calidad como delantero. Lo tiró Djukic...Y lo paró González, que al celebrar la parada dejó claro que estaban primados hasta las cejas. Para la mitad de España que quería que ganara el Dépor (o que no quería que ganara la Liga el Barça) fue una pena.


6. Roberto Baggio y Julio Salinas, la cara y la cruz. Mundial de EE.UU. Cuartos de Final: Italia 2 - España 1 (9 de julio de 1994).

El Mundial de EE.UU. es el primero que recuerdo nítidamente, el primer acontecimiento de calado (Mundial o Eurocopa) del que soy capaz de rememorar partidos enteros o anécdotas varias. Podría nombrar cómo celebraba los goles Kennet Andersson, los cinco goles de Salenko contra Camerún, la celebración de los brasileños contra Holanda, o todo el Mundial de Roberto Baggio (sin duda el mejor jugador del campeonato, marcando en octavos, cuartos y semis para llevar a Italia a la final). Dentro de la trayectoria española en el Mundial, podría hacer referencia al gol de chorra de Goikoetxea contra Alemania, a la correcta victoria sobre Bolivia o a la paliza a Suiza en Octavos. Pero creo que lo que nos marcó a todos fue el partido de Cuartos frente a Italia. En aquel partido se resumió la diferencia que había entre las selecciones campeonas y las eternas aspirantes. Italia tenía a un genio y España no. Desde entonces en mi cartera siempre ha estado un cromo de Roberto Baggio de aquel Mundial para recordármelo.


Para empezar no hay más que analizar los onces titulares de cada equipo y quién jugó durante el partido por cada bando, la selección española de entonces era como su seleccionador: timorata y defensiva, casi sin ningún delantero puro y hasta seis defensas alineados. Italia por su parte era...Italia, es decir, defensa compacta y de nivel (Maldini a la cabeza), mediocampo correcto y peleón, y delantera decisiva (con Baggio, vamos), una mezcla del Milan campeón de Europa ese año con lo mejor del resto de italianos del Calcio. El caso es que, si bien España tenía grandes jugadores sin alinear (Guardiola, Guerrero, Cañizares), Italia no le iba a la zaga (Zola, Signori, Baresi lesionado), pero se trataba de un choque igualado. Y así fue. Italia se adelantó por medio de Dino Baggio (el otro), empató Caminero (el mejor jugador español en aquel Mundial) y, cuando el partido estaba por decidirse, Salinas falló delante de Pagliuca (tiro al muñeco de manual) y Roberto Baggio regateó a Zubizarreta y la metió en red. Las comparaciones son siempre odiosas, pero en algunos casos lo son más. El resto es conocido, Tassotti le rompió la nariz a Luis Enrique de un codazo (no se pitó ni el penalti ni la expulsión y al árbitro lo premiaron con la final del Mundial), se comenzó a hablar de la maldición de Cuartos y Clemente siguió infrautilizando a una gran generación de futbolistas hasta que pidió a gritos que lo echaran.



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