Una colección de historias, anécdotas, reflexiones y chorradas varias sin más objetivo que entretener

sábado, 31 de diciembre de 2022

Adiós 2022...

Bueno, pues tras la mierda de la pandemia nuestras expectativas contigo, 2022, eran bajas, la verdad sea dicha. Que empezamos con el Covid todavía, dando positivo casi hasta Reyes, todo hay que decirlo, pero el resto de tu devenir ha sido normal. Para empezar, ni confinamientos ni Filomenas ni chorradas extrañas, así que en ese sentido no nos podemos quejar.

Estoy más en forma que nunca, la verdad, perdí peso antes del verano y me he mantenido en guarismos del instituto (tela, eh), ojalá que dure. La esgrima y el fitboxing me han ayudado, obviamente. En octubre participé en mi primera competición oficial individual desde hace 28 años, que se dice pronto. Hice el ridículo, ojo, pero al menos lo intenté.

La salud, por tanto, está bien. Aquello que me detectaron no parece que me afecte (toquemos madera) y quitando situaciones puntuales (una lumbalgia aguda en enero y un golpe en el tendón rotuliano de la pierna derecha este mes) estoy bien.

El Estu ganó la Copa de la Princesa (primer título desde el 2000), pero no ascendió. El Madrid me regaló uno de los mejores años de fútbol que recuerdo, con las ya míticas remontadas europeas.

Viajé a Lima, a Múnich (dos veces) y a Caracas por trabajo, y a Atenas, Londres, Bretaña y Normandía por placer.

Mis padres y mi hermana están bien, las abuelitas siguen dando guerra, y mi sobrina es la alegría de la casa. Pronto le daremos alguien con quien jugar, nuestra burbujita, la noticia alegre del año y del que viene (y los siguientes). Compartir algo así es lo más bonito que hay.

Así que lo mejor que puedo hacer es darte las gracias, por la normalidad y por las buenas noticias, y despedirte de buen grado. Esperemos que tu sucesor esté, al menos, a tu altura.



miércoles, 21 de diciembre de 2022

Libros Leídos Noviembre 2022

Pasó noviembre y casi todo diciembre, pero estaba con el Mundial y se me pasó hacer revisión de lo leído en el undécimo mes del año. No es que fuera mucho, mis guarismos de 2022 son ridículos con respecto a otros años, pero bueno, algo es algo. Fueron dos libros (uno en español y otro en inglés), un compendio de columnas futboleras y un retrato documental de la miseria en EE.UU., siguiendo con la numeración de libros leídos durante el año, tenemos:

24. "El fútbol no te da de comer" de Enrique Ballester. 216 páginas.

Con una anécdota de su hijo Teo o su hija Delia, con historias de sus amigos (mítico Vickies), con reflexiones tangenciales a las noticias del momento, y, sobre todo, con fútbol. Así escribe sus columnas Enrique Ballester y así las leemos sus fans que, con avidez, compramos cada recopilatorio que saca Libros del KO. Lo que nos regala Ballester es la mirada de alguien tan cercano que podría ser tu amigo, tu hermano o tú mismo, de tal manera que es muy difícil no empatizar incluso si de fútbol andas justo. Porque sus columnas son, haciendo un resumen muy somero, sobre fútbol y sobre la vida, y aunque no sepas del primero, del segundo vas sobrado. Muy recomendable.

25. "Days of destruction, Days of revolt" de Chris Hedges y Joe Sacco. 320 páginas.

Dos años estuvieron el escritor Chris Hedges y el dibujante Joe Sacco recorriendo lugares de Estados Unidos para realizar una particular foto de la pobreza y la miseria en el país que se supone que es el líder del mundo libre. La precisión de la prosa de Hedges, que apunta donde duele, se ve ilustrada de manera perfecta con los dibujos de Sacco, y ambos construyen un libro que explica perfectamente su capítulo final, en el que se analiza, basándose en todo lo visto hasta ese momento, por qué surgieron los movimientos Occupy por todo el territorio estadounidense, muy similares al 15-M español. Tras la miseria, la esperanza. Una pena que 10 años después volvamos a ver lo mismo.


 

martes, 20 de diciembre de 2022

Messi cierra el círculo en Qatar 2022

Ante la disyuntiva estúpida de quién ha sido mejor, Maradona o Messi, los defensores del Pelusa soltaban como un mantra que Messi no había ganado un Mundial. Como si ese hecho te convirtiera en mejor o peor jugador. Ryan Giggs jamás jugó un Mundial, y es mil veces mejor jugador que Álvaro Arbeloa, que lo ganó (sin jugar un minuto), así que el argumento es falaz como él solo. Yo no puedo comparar entre ambos porque a Maradona lo he visto en vídeos en su mejor época y en directo en su decadencia, pero a Messi lo he "sufrido" toda su carrera. Es el mejor jugador de fútbol que he visto jamás, y eso no cambia por ganar un Mundial. En cualquier caso, ya tiene ese Mundial. Su Mundial, además.

La final Argentina - Francia ha sido, probablemente, la mejor final de la historia de los Mundiales. Tuvo de todo: dominio alterno, ventajas, remontadas, prórroga, penaltis, polémica... Para un espectador neutral o casi neutral como yo (no voy a mentir, prefería que perdiera Argentina, sólo por no aguantar cuatro años de coñazo) fue un espectáculo fantástico. Eso sí, en realidad la diversión empezó en torno al minuto 80 de partido.

Hasta ese minuto, Argentina dominó de cabo a rabo el partido y el marcador, primero con un penalti inexistente (Di María se tira y al caer roza la pierna de Dembelé) y luego con una contra de fantasía tras un robo que culminó el mismo Di María. 2-0 al descanso y partido controlado. Controladísimo incluso. Scaloni le ganó la partida táctica a Deschamps desde el inicio y los franceses se mostraban completamente inoperantes.

Y aquí es necesario hacer un inciso. ¿Cómo puede ser que alguien tan mediocre como entrenador tenga el premio de ser seleccionador de Francia? Es más, en esa categoría de entrenadores mediocres podríamos hacer el triplete del Mundial, con Tite en Brasil, Santos en Portugal y Deschamps en Francia. Tres selecciones para hacer dos onces aspirantes a la victoria final, jugadores de máximo nivel mundial, pólvora arriba... Y con entrenadores con nula capacidad táctica o estratégica, incapaces de preparar soluciones para situaciones comprometidas y extremadamente amarretes. Sus equipos avanzan a pesar de la inutilidad de sus entrenadores, que toman decisiones que parecen en contra de sacar algo positivo. Cada vez que toman una decisión que se sale un poco del esquema mental que tienen pensado, la cagan. Tite con 1-0 en la prórroga, en vez de tratar de matar a Croacia teniendo el balón, se echa para atrás y los croatas terminan empatando. Santos buscando el empate frente a Marruecos hizo cambios de de nombres, no de posición, retirando incluso a delanteros cuando los lusos eran incapaces de rematar siquiera. Y Deschamps... Le vino Dios a ver en cuartos contra Inglaterra (con el penalti fallado de Kane) y en semifinales contra Marruecos, pero en la final se le vieron las costuras de mala manera.

Perdiendo 2-0, con los jugadores incapaces de mantener el balón, sobrepasados en todos los duelos con los argentinos, Deschamps quita a su delantero referencia (Giroud, cuatro goles en el Mundial) y a Dembelé, y saca otros dos delanteros (Thuram y Muani), como si el fracaso de su propuesta se debiera a eso y no a la incapacidad de salir de la presión o que su mejor creador de juego (Griezmann) ni la oliera. Argentina se paseó por el césped durante 80 minutos gracias al genial planteamiento táctico de Scaloni y a la ineptitud de Deschamps. Ojo, que Scaloni no es que sea el paradigma del juego bonito. Para nada. Su Argentina es un equipo rocoso, en el que nueve jugadores presionan hasta la extenuación y en el que Messi funciona de catalizador absoluto del juego. Cuando la presión baja, ya sea por exceso de confianza (como contra Arabia Saudí) o por empuje rival (contra Holanda o Francia en la final), ahí ya se le ven las costuras. No tienen excesivo dominio de la pelota (atrás quedó la época de excelentes peloteros argentinos) y sin la presión se convierten en un equipo vulgar. El dominio de Argentina viene exclusivamente del empuje y las ganas, lo que los italianos llaman "grinta", pero no del juego fluido. 

Y llegamos al minuto 80. Argentina no empujaba con las mismas ganas (Di María ya estaba en el banquillo exhausto) y en una jugada aislada, Kolo Muani en un forcejeo con Otamendi se va al suelo. Penaltito (como otros tantos pitados en este Mundial, incluidos los cinco a favor de Argentina) que Mbappé manda a guardar. Y en dos minutos, con el monstruo despierto, la debacle. Mbappé baja un balón con la cabeza, busca la pared, recibe balón por alto y sin dejar que éste caiga, lo manda con una buena volea a la red. Empate. Prórroga. Vuelta a empezar. La final comienza de nuevo.

Pero recomienza con Giroud, Dembelé y Griezmann (sí, Griezmann) fuera del campo. Yo escribí en ese momento, el del cambio de Antonio, que era la primera vez que veía dimitir a un seleccionador en pleno partido. Me reafirmo. Ese cambio resume la incapacidad de Deschamps para gestionar un equipo de altísimo nivel. Francia demostró que las únicas alternativas que había manejado eran que le llegara alguna pelota a los buenos. Y ya. Eso le valió para empatar (dos veces), pero no para matar en la prórroga a una Argentina que, estando tiesa, se puso por delante sólo con las ganas de ganar. Messi encontró el gol en una jugada de puro pundonor que pudo ser la guinda del Mundial, pero el codo de Montiel a la salida de un córner permitió a Mbappé firmar un hat-trick. Así que nada, los penaltis. Y eso que en el último segundo el Dibu Martínez impidió la gloria gala sacando el tiro de Muani.

Y en los penaltis ganó el que mejor había jugado, el que más hambre tenía, y, sobre todo, el que mejor los tiró. Dibu Martínez, tan buen portero parapenaltis como insufrible macarra maleducado, atajó uno a Coman y Tchouaméni mandó fuera otro, mientras que Lloris no pudo evitar ninguno. 4-2, final, Argentina justo campeón.

Ha sido un gran Mundial, el más goleador de la historia, con grandes partidos, emoción, prórrogas, penaltis, sorpresas, revelaciones... Si no hubiera sido en Qatar, con la corrupción detrás y las muertes de trabajadores, podría decirse que ha sido todo perfecto, pero claro, no es así.

Volviendo al tema deportivo, ha sido el Mundial de Messi. El argentino cierra el círculo y ya puede, si quiere, irse a su casa sin ningún reproche. Sin ser determinante todo el tiempo, ha sido decisivo en momentos puntuales, como en los penaltis o en la ya famosa jugada de semis frente a Croacia. Han surgido nombres nuevos, de gente más o menos conocida, pero que se ha destacado en el Mundial, como el caso de Julián Álvarez o Enzo Fernández en Argentina, Gvardiol y Livakovic en Croacia, Gakpo en Holanda, Gavi en España, la selección de Marruecos y algún otro que seguro me dejo por el camino.

Nos quedan ahora un año y medio hasta la Eurocopa de Alemania y tres años y medio de espera hasta el siguiente Mundial en América del Norte. Esperemos que entonces los nuestros estén más acertados que en este campeonato.